Houston, we have a problem: La traducción inversa
23 Mar
Esta semana he decidido escribir sobre algo a lo que llevo tiempo dando vueltas: los problemas que rodean a la traducción inversa y a la docencia de la misma. Para contextualizar un poco, os d
iré que mis idiomas en la carrera eran español y catalán como lengua materna 1 y 2, inglés como lengua B, francés como lengua C y un breve pero intenso acercamiento al árabe como lengua D. Sí, soy de un plan antiguo, ya lo sé, jeje. Además de eso, estudié alemán en la Escuela de Idiomas. Bien, dicho esto, es importante reconocer que en mi caso sólo podría hacer traducción inversa al inglés y al catalán, por ser los idiomas con los que más cómoda me siento. De hecho, creo que toda la traducción inversa que he hecho ha sido al inglés. Sin embargo, es cierto que resulta difícil sentirse totalmente seguro de que el resultado es todo lo natural y correcto que debería ser, es decir, es muy complicado saber a ciencia cierta que el texto traducido no parece una traducción.
El semestre pasado tuve la oportunidad de impartir la parte teórica de una clase de traducción inversa. Me alegró comprobar que aquella pequeña parte de traducción inversa que yo había estudiado dentro de la clase de traducción general se había convertido ahora en toda una asignatura cuatrimestral dividida en teoría y práctica. Y es que, en mis tiempos de estudiante, la verdad es que aprendimos más bien poco haciendo tres o cuatro traducciones. Quizá estaba organizado así porque pensaron que nunca traduciríamos hacia otros idiomas, no lo sé, pero ésa no es la realidad.
Para preparar bien la asignatura tuve que leer mucho sobre el tema y documentarme, ya os digo que en mis tiempos no había teoría. Una vez organizado el temario, a modo de introducción, lo que recomendé a los estudiantes y os recomiendo hoy fue leer esta entrada en el blog de Pablo Muñoz, que todos conocéis, Algo más que traducir. Como siempre, me pareció muy clara y sencilla, y creí que los alumnos entenderían mucho mejor la situación que yo les estaba exponiendo. Igual que yo les había dicho, Pablo comentaba que es difícil estar seguro del todo de que lo que escribimos es igual que lo que escribiría un nativo, y también hablaba de que hay ocasiones en las que es necesario recurrir a la figura de un revisor para cerciorarnos de que todo es correcto.
Siguiendo las labores documentales, encontré estas frases un poco lapidarias sobre la traducción inversa:
“The L2 translator’s reduced proficiency in the foreign language jeopardizes the final product”. (Stewart, 2000: 206)
“The translator is in the best position to appreciate the “total” difference between one language and another. He himself usually knows that he cannot write more than a few complex sentences in a foreign language without writing something unnatural and non-native, any more than he can speak one.” (Newmark, 1981:180)
“[The translator] will be “caught” every time, not by his grammar, which is probably suspiciously “better” than an educated native’s, not by his vocabulary, which may well be wider, but by his unacceptable or improbable collocations”. (Newmark, 1981:180)
No todo es tan negativo, la verdad. Póngamos una nota optimista diciendo que lo mejor de la traducción inversa es, precisamente, que podemos comprender sin problema el texto origen, es decir, que se eliminarán posibles errores por falta de comprensión, o falsos sentidos. A esto, sin embargo, también hay que ponerle un pero, y es que es habitual encontrarte con un texto en tu lengua materna que te hace saltar de la silla porque está mal redactado y no se entiende, y/o contiene faltas. En fin… ya hemos quedado en que nadie es perfecto, pero supone una dificultad añadida, y no es algo fácil de tratar con el cliente.
Ahora bien, aunque muchas empresas y agencias te contraten solo para traducir a tu lengua materna, el traductor autónomo se enfrenta con frecuencia a traducciones a sus otras lenguas de trabajo. Expedientes, contratos, títulos académicos, partidas de nacimiento, reseñas, resúmenes de artículos, anuncios, menús, páginas web… Está claro que es importante que hagamos traducciones de calidad y que el producto traducido no sea fácilmente reconocible como una traducción y que suene lo más natural posible, como si lo hubiera escrito un hablante nativo.
¿Cuál es el problema que rodea a la traducción inversa? ¿Qué es lo que nos hace sentirnos inseguros? ¿Es importante la figura del revisor? Si resulta que sí hay espacio para ella en el mercado de traducción, ¿debería dedicársele más tiempo todavía en la Facultad? Y, la pregunta del millón, aunque haya mercado, ¿deben los traductores hacer traducciones inversas?
Aunque hay mucha bibliografía interesante sobre el tema, os dejo las referencias de un par de libros que me gustan:
-Baker, Mona. 1992. In Other words: a coursebook on translation. London : Routledge
-Kelly, Dorothy. 2003. La direccionalidad en traducción e interpretación: perspectivas teóricas, profesionales y didácticas. Granada: Atrio.






