Cómo funciona el servicio de correos

En alguna ocasión habrás escrito una carta a un pariente lejano o a la redacción de tu re­vista infantil preferida. ¿Quieres que sigamos el recorrido que efectúa tu carta? Aprende­remos así cómo funcionan los servicios de co­rreos de las ciudades y de las naciones.

Cómo funciona el servicio de correos

Por todos los barrios de la ciudad se hallan diseminados los buzones de correspondencia, de colores vivos visibles desde lejos, tienen una ranura en cuyo interior metemos la co­rrespondencia.

A horas fijas pasa un empleado con un saco, abre el fondo del buzón y hace caer en el saco el contenido. Una furgoneta de la Administra­ción de Correos lleva los sacos a la Oficina Central. Allí, las cartas y postales son timbra­das con indicación del nombre de la ciudad y la fecha.

En las pequeñas ciudades esta labor se hace a mano, mientras que en las importan­tes ya hay unas máquinas automáticas que re­parten y timbran la gran cantidad de corres­pondencia. A continuación debe ser clasifica­da, esto es, preparada para envío a su destino.

Esto se realiza por varios procedimientos; uno de ellos es disponer de tantos casilleros como provincias haya en una nación. Así los empleados leen las señas y poner tu carta en la casilla correspondiente a la provincia a donde la diriges. Esa es la razón por la que es importante que las señas estén escritas con claridad.

En algunos sitios junto al nombre de destino debe hacerse constar también un número, que corresponde a una clasificación postal. En los departamentos de correos de las grandes ciu­dades hay máquinas muy modernas, capaces de “leer” esos números y clasificar velozmente las cartas.

A continuación tu carta va a parar a un saco que es transportado a la estación fe­rroviaria y cargado en un vagón postal que se dirige hacia la provincia de destino.

A su llegada se abre el saco y la corresponden­cia se reparte según los pueblos de la provin­cia o los distintos barrios de la ciudad. Por último, los carteros llenan su cartera de co­rrespondencia y pasan a repartirla casa por casa. ¡Piensa un momento en cuántas perso­nas y cuántas máquinas han trabajado para llevar tu carta a su destino!

Antes de que el tren se convirtiese en uno de los más importantes medios de comunicación la correspondencia viajaba en las diligencias postales arrastradas por caballos y en los na­víos postales. El transporte de la correspon­dencia por mar fue substituido en las largas distancias por el empleo del avión, llegando mucho más rápido al lugar de destino.

La correspondencia puede ser expedida con carácter de urgencia (se reparte rápidamente sin aguardar al itinerario normal del cartero), certificada (se lleva directamente a manos del destinatario) y en algunas naciones existe tam­bién variantes de correspondencia asegurada, en la que la Administración se compromete a pagar una cantidad de dinero en caso de extravío.

Una oficina postal ofrece al ciudadano mu­chos otros servicios; pueden expedirse sumas de dinero mediante giro postal, o hacer pa­gos mediante cuentas corrientes, cobrar las pensiones y comprar sellos.

Puede enviarse un mensaje urgente por medio de un telegra­ma. Consiste en transmitir unas señales me­diante impulsos eléctricos que viajan veloz­mente y recibidas por otra oficina, con escri­tos sobre un impreso especial y repartidos in­mediatamente a domicilio por un empleado.

Los sellos varían continuamente, y aparecen con mucha frecuencia novedades en todas las naciones del mundo. Desde su primera apari­ción en 1840, hay personas que los coleccio­nan. En la actualidad la filatelia, es decir el coleccionar sellos, interesa a millones de per­sonas, entre las que hay que contar a gran número de muchachos.

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