Historia del submarino

De todas las máquinas creadas por el hombre, los submarinos son sin duda las más secretas y misteriosas. Se esconden en invisibles cuevas excavadas en la roca y se mueven silenciosamente en el mar asustando incluso a los tiburones.

Historia del submarino

Pero el camino recorrido por el hombre hasta llegar a estos modernos gigantes de propulsión atómica (creados sobre todo para navegar en inmersión, a diferencia de los sumergibles, que para navegar bajo el agua han de volver a la superficie frecuentemente) ha sido muy largo y lleno de acontecimientos.

Uno de los primeros proyectos de sumergible se debe a Leonardo da Vinci. A este genial artista y científico, sin embargo, le asaltó una duda: ¿aprovecharían los hombres su invento para hundir barcos? Leonardo no reveló los secretos de su máquina para evitar este riesgo.

El primer sumergible que funcionó fue construido en 1624 por el holandés Cornelius van Drebbel. Era una especie de barca de madera cuya parte superior iba recubierta por cuero y lastre metálico; se movía por medio de seis aletas que sobresalían lateralmente del casco.

Van Drebbel inauguró su aparato en el Támesis en presencia del rey Jacobo I y una muchedumbre de londinenses. Parece que la extraña nave logró navegar durante algunos kilómetros manteniéndose a pocos metros de profundidad.

Pronto se demostró que los temores de Leonardo acerca del mal uso del sumergible por parte del hombre eran fundados. En efecto, en 1776 el norteamericano David Bushnell construía el primer sumergible militar: el “Tortuga”. como llamó a su máquina, era como un gran huevo de dos metros de altura fabricado con tablas y chapas de hierro.

Poseía un timón, dos hélices movidas con manivela, dos depósitos de lastre y una torre de observación. El armamento consistía en un barril de pólvora que debía ser enganchado, mediante un gran tornillo, al casco de la nave enemiga. La explosión era después provocada por un mecanismo de relojería. La tripulación sólo constaba de un hombre.

El sistema de inmersión y emersión del “Tortuga” funcionaba así: el sumergible, en condiciones normales, flotaba; para hacer que se hundiera se abría una escotilla y se dejaba entrar agua en los depósitos de lastre.

El sumergible aumentaba de peso y poco a poco se iba al fondo. Para subir a la superficie, el piloto debía extraer el agua mediante una bomba, y el aparato volvía lentamente a salir a flote. La primera misión del «Tortuga» falló, ya que el casco de la nave enemiga llevaba una cubierta de cobre y el piloto no consiguió atornillar la bomba.

En el siglo XIX se vieron numerosos y cada vez más perfeccionados modelos de sumergibles: el francés “Gymote”, que llevaba motores eléctricos y podía navegar 200 kilómetros bajo el agua a cinco kilómetros por hora.

El norteamericano “Pluger II”», en 1895, con motor de vapor y tubos lanzatorpedos, y muchos más. Aquí merecen especial mención dos españoles: primero, el catalán Narciso Monturiol (1819- 1885), nacido en Figueras (Gerona), a quien se suele considerar el inventor del submarino, al que llamó “Ictíneo” y fue experimentado con éxito en 1859; en segundo lugar, Isaac Peral (1851-1895), nacido en Cartagena, cuyos proyectos fracasaron por falta de ayuda oficial, tras una serie de ensayos bastante satisfactorios.

La primera Guerra Mundial significó la consolidación del sumergible, ya mejorado en todos sus detalles: los U-Boote alemanes confirmaron una vez más las previsiones de Leonardo.

Los sumergibles de la Segunda Guerra Mundial no sufrieron mejoras notables; en la postguerra, modificados los motores tradicionales, se alcanzaron velocidades más altas. Por fin, en 1954, la marina de los Estados Unidos botó el “Nautilus”, el primer submarino atómico.

En 1958, por primera vez, el “Nautilus” navegó bajo los hielos del Polo Norte recorriendo la ruta polar desde Alaska a Inglaterra. Los submarinos atómicos abundan actualmente: son capaces de navegar en inmersión a más de 60 kilómetros por hora y permanecer bajo el agua durante un año seguido, y llevan una tripulación de más de cien hombres.

Las experiencias adquiridas en la construcción de submarinos de guerra, y gracias a los nuevos instrumentos que hacen hoy más segura la inmersión, piensan ser aplicadas a los barcos de pasajeros y de mercancías en el futuro.

Serán colosales submarinos que navegarán bajo la superficie de los océanos, en las tranquilas aguas profundas, a salvo de tempestades, dando así a este adelanto un uso pacífico.

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