Por qué el oro y los diamantes son tan valiosos

¿Te has preguntado alguna vez por qué el oro y los diamantes son tan valiosos? Por qué todo el mundo parece que pierde la cabeza cuando los ve. Vamos a ver la respuesta a esta y muchas otras preguntas:

Por qué el oro y los diamantes son tan valiososEn la parte más meridional de Africa hay inmensas riquezas en oro y diamantes escondidas en el subsuelo. Lo que podía encontrarse con poco esfuerzo en la superficie ya fue sacado muy pronto y enriqueció a los audaces buscadores de oro del siglo XIX.

Pero en la actualidad hay que buscar el oro y los diamantes en el subsuelo y a gran profundidad con la ayuda de potente maquinaria. Por ello ya no es una aventura, es una industria.

A mediados del siglo pasado se había encontrado oro en algunos sitios, por eso numerosos buscadores iban dando vueltas con su equipo esperando hallar un yacimiento importante; si encontraban polvo o piedrecillas de oro en las arenas del río, o bien las características pepitas, quería decir que en alguna parte existía el precioso metal, en rocas de las que el agua lo había desprendido.

Pero en 1870 surgió una noticia extraordinaria de otro tipo: “En el interior cerca del río Orange, se han descubierto diamantes”. Millares de aventureros de todos los países corrieron hacia aquella región todavía salvaje, donde en breve surgió una ciudad: Kimberley.

Los hijos de un campesino jugando en las arenas de un río encontraron una piedra que desprendía hermosos destellos: era un grueso diamante.

Como el oro, también los diamantes se extraen de las rocas en cuyo interior se han formado o bien en los depósitos de arena originados por la acción de las aguas. Los diamantes son las piedras más duras del mundo.

Mediante un procedimiento delicadísimo y empleando otros diamantes o polvo de los mismos se consigue tallar y escuadrar el diamante en bruto (es decir tal como es en el momento de la extracción) y transformarlo en uno o varios diamantes tallados-, sobre estas gemas la luz se refracta consiguiendo efectos hermosísimos.

Unos años después, un tal señor Robinson tuvo noticias de que en el norte se habían encontrado huellas de oro. Fue a explorar, pero no encontró nada.

Una tarde se detuvo yendo a visitar a una viuda, propietaria de una granja, tropezó con una gran piedra, la miró con atención y vio que contenía oro. Había encontrado el mayor yacimiento del mundo, en la zona aurífera más rica de la Tierra.

El oro es apreciado por su belleza, por su escasez y porque es inalterable, es decir no es atacado por ningún otro elemento.

Oro y diamantes se encuentran mezclados en grandes cantidades de rocas, pero hay que excavar toneladas de material para poder encontrar unos pocos gramos o una piedrecilla luciente.

Una mina de diamantes se hace horadando una enorme boca en el terreno, que se alarga a medida que se va excavando las paredes y el fondo. Johannesburgo, la ciudad de los buscadores de oro, se halla rodeada por pequeñas colinas, residuos del terreno excavado en las viejas minas.

Las modernas descienden hasta gran profundidad que alcanzan en las galerías más hondas tres kilómetros y medio bajo la superficie terrestre y se planea hacerlas aún más profundas. Se baja a ellas por ascensores especiales que pueden transportar 120 hombres en cada viaje, a la velocidad de 900 metros por minuto.

El trabajo en las minas es muy pesado. Los mineros son en su gran mayoría indígenas porque los negros están más habituados que los blancos a realizar estos trabajos tan duros. Además en Sudáfrica existe un sistema de gobierno en el que hay una separación entre ambas razas considerándose a los blancos privilegiados en detrimento de las gentes de color.

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